LOS PROFETAS EXÍLICOS Y POST EXÍLICOS.
PERSPECTIVA GENERAL La catástrofe del año 586 A.C, con la destrucción del templo de Jerusalén y la deportación subsiguiente, marca una vertiente decisiva en la historia de Israel. La divide en dos: antes y después. De cara al pasado, el exilio era un fin, fin de la existencia nacional, fin del estado, fin de las instituciones, en que la vida corporativa se había expresado. Era la muerte de una etapa y de una historia gloriosa. En sí mismo y en el plan de Dios, el exilio era un paréntesis, un tiempo privilegiado de reflexión y de concentración de energías espirituales. De cara al futuro, el exilio era una etapa de transición, que, con el dolor y el esfuerzo de renovación interior, iba a alumbrar una era nueva, una nueva y decisiva etapa en la historia del Pueblo de Dios. De cara al futuro iba a ser un principio. Dios orientaba a su pueblo hacia una estructuración más espiritual. El Reino debía dar paso a la "Iglesia". Israel debía dar paso al judaísmo. Pero todo esto no...




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